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Declaración de la LIT |
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8 de Marzo de 2008 - DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER |
VIVA LA LUCHA DE LAS MUJERES TRABAJADORAS Y POBRES
CONTRA LA OPRESIÓN Y LA EXPLOTACIÓN CAPITALISTA |
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Cada 8 de marzo, escuchamos hablar de los avances de la mujer, de su liberación, de sus conquistas. Nos hablan de las mujeres como un todo, como si existiese "la mujer". Y la imagen que queda es que las mujeres están emancipadas y que la opresión llegó a su fin. Como ejemplo, se cita a Condoleezza Rice, Hillary Clinton, Michele Bachelet, Cristina Kichrner, Dilma Roussef y tantas otras que ocupan cargos en los gobiernos o tienen una importante acción política.
Pero las mujeres no son todas iguales. Las burguesas, las patronas, las propietarias, son diferentes de las mujeres trabajadoras y pobres. A pesar de ser todas mujeres, sus vidas son diferentes, y por eso, tienen intereses diferentes. Mientras que la situación de las primeras está cada vez mejor, las segundas están cada vez más pobres, más oprimidas, más explotadas.
La propia ONU es quien afirma esto. En su último informe marca un hecho que desmiente todo el discurso de los medios sobre la liberación de la mujer: ¡70% de los pobres del mundo son mujeres! Eso quiere decir que en este 2008, la pobreza tiene rostro de mujer.
¿Entonces, que tenemos que celebrar en este Día Internacional de la Mujer?
Las mujeres trabajadores y pobres tienen poco que celebrar, porque cada vez más su condición de oprimida es usada para aumentar la explotación de la mano de obra femenina, que ya es más de la mitad de la mano de obra mundial.
Nos dicen que ahora las mujeres tienen más empleos. Pero, ¿qué tipo de empleo? Las políticas neoliberales reservaron para las mujeres los trabajos más precarios, más miserables y descalificados. En su gran mayoría, continúan confinadas en los trabajos tradicionalmente considerados "femeninos", enfermería, enseñanza, prestación de servicios, comercio y, principalmente, servicio doméstico. En la mayoría de los países del mundo, la proporción de mujeres en los sectores de punta de la economía y la industria no pasa del 20%. La desigualdad salarial se profundiza, en término medio, las mujeres reciben un 30% menos que los hombres.
A pesar de esa desigualdad salarial y de los trabajos precarios, hoy las mujeres están al frente del 30% de las familias.
En el hogar, doble jornada, violencia doméstica y destrucción de la familia.
Las mujeres trabajadoras y pobres continúan cargando sobre sus espaldas el sobrepeso de las tareas domésticas. Millones de mujeres en el todo el mundo dejan gran parte de su vida en la cocina, lavando platos y ropas, trabajos que la embrutecen, que deterioran su salud, su autoestima, y por el que no reciben nada a cambio. La sociedad patriarcal, que se considera tan moderna y avanzada, continua alimentando la nefasta ideología de que "el hogar es el dominio de la mujer" y por eso a ella le toca cocinar, lavar, planchar, cuidar a los hijos.
Ese es un de los mayores factores de opresión porque aquellas que quieren ejercer una profesión o la que precisa trabajar fuera para mantener su casa, debe cargar con la doble jornada. Después de un día de trabajo en la fábrica, en la escuela o en cualquier empleo, la mujer vuelve a casa a enfrentar el agobiante trabajo doméstico.
El capitalista se apropia de ese trabajo no pago, fundamental para reproducir la fuerza de trabajo y mantiene a la mujer como parte fundamental del ejército industrial de reserva, lista a ser empleada o desempleada de acuerdo a las necesidades del capital.
En las mujeres negras, jóvenes e inmigrantes, se refuerza la explotación, porque la enorme opresión que sufren las vuelve más susceptibles al desempleo y a la semi esclavitud.
En todos los países, crece la violencia contra la mujer. Se exalta la familia como pilar básico de la sociedad. Pero el afán capitalista de extraer cada vez más ganancias, superexplotando a los trabajadores, sean hombres, mujeres o niños, e incluso a pueblos enteros, está destrozando la familia del trabajador. La búsqueda de empleo y de mejores condiciones de vida, provoca los movimientos migratorios; la violencia urbana lleva a la muerte a millones de jóvenes en las grandes ciudades y todo eso es ayuda a desintegrar las familias trabajadoras, con su consecuente carga de infelicidad, violencia y abandono.
La lucha por la sobrevivencia y la falta de perspectivas continúan llevando a millones de mujeres a la prostitución, a una vida arriesgada de convivencia con la criminalidad y destrucción de la autoestima.
Los mismos medios que exaltan "la emancipación de la mujer", la continúan tratando como un objeto sexual, como un producto de consumo. Los patrones de belleza impuestos por la industria, continúan llevando a millones de mujeres a la anorexia, a la muerte en clínicas de cirugía plástica. Todo eso representa un agravamiento sin precedentes en la carga de opresión que cada día pesa sobre las espaldas de las mujeres.
En la mayoría de los países coloniales y semicoloniales, millones de mujeres pobres mueren o quedan con secuelas graves por abortos mal hechos. El mismo capitalismo que las condena al hambre y a ver impotentes la destrucción de sus hijos, las condena a muerte al impedir, apoyándose en una moral hipócrita, la legalización del aborto
La explotación determina el grado de opresión sobre la mujer
Todas las mujeres son oprimidas, pero no de la misma forma. Lo que determina el grado de opresión que pesa sobre una mujer es la clase social a la cual pertenece. La explotación, la apropiación de trabajo de las grandes masas de hombres y mujeres, realizada por la clase burguesa, es la máxima desigualdad que existe entre las personas.
Esa desigualdad implica un antagonismo total e irreconciliable entre explotadores y explotados, entre las clases y entre sus partidos y organizaciones. Mientras exista la explotación capitalista e imperialista, la mayoría de las mujeres tendrá que enfrentar todos los días los problemas que atañen a todos los explotados del mundo, independiente de su sexo, raza o color. Esos problemas comunes, el hambre, la miseria, el desempleo, los bajos salarios, la destrucción de los servicios públicos, la incertidumbre frente al futuro, la violencia cotidiana y cada vez más brutal que destruye nuestras familias, unen con vínculos de hierro a todos los explotados del mundo. Y hacen que la mayoría de las mujeres tengan la misma preocupación central que los hombres de su clase: la lucha por la sobreviviencia.
Por eso, las mujeres trabajadoras se deben organizar en las entidades de su clase, sindicatos, centrales, coordinadoras de lucha, sin tierra...., y en el partido revolucionario para luchar contra el capitalismo y el imperialismo y por la construcción del socialismo.
Los trabajadores y sus organizaciones deben asumir la lucha contra la opresión de la mujer como una lucha de toda la clase.
Mientras exista la explotación capitalista e imperialista, las reivindicaciones propias de la mujer, como la necesidad urgente de la legalización del aborto, las guarderías en los lugares de trabajo, el fin del asedio sexual, el fin de la desigualdad salarial, el fin de la violencia doméstica, tienen que ser asumidas por el conjunto de la clase trabajadora, hombres y mujeres. La lucha contra la opresión tiene que ir junta con la lucha contra la explotación económica, con la lucha antiimperialista y por la revolución socialista.
Cada mujer que se afilia al sindicato o participa de una huelga da un paso fundamental en su emancipación. Cada vez que una mujer se concientiza de su situación de oprimida y se dispone a enfrentarla (en su trabajo, su sindicato, su familia, su partido), también está dando un paso más en la lucha contra la opresión. Cada vez que enfrentamos al machismo y todas sus nefastas manifestaciones en el seno de nuestra clase, estamos avanzando en nuestra lucha contra las ideologías burguesas. Cada mujer que se concientiza de su importancia en la lucha por el socialismo y se dispone ayudar en la construcción del partido revolucionario, está abriendo camino para la emancipación total de todas las mujeres.
Para conquistar esa emancipación total de todas las mujeres es preciso que la clase trabajadora tome el poder en todos los países y se comience a construir la sociedad socialista donde, a partir de acabar con las bases materiales de la opresión, se pueda avanzar hacia una solución definitiva.
Desde la LIT-CI (Liga Internacional de los Trabajadores- Cuarta Internacional) llamamos a las mujeres trabajadoras a luchar contra la opresión desde dentro de nuestra clase, como parte de la lucha de la clase trabajadora contra la explotación capitalista, contra el imperialismo y por la revolución socialista. ¡Sin la participación de las mujeres, la mitad de la clase obrera, el socialismo y el fin de todas las opresiones, será un sueño irrealizable!.
Secretariado Internacional
Liga Internacional de los Trabajadores- Cuarta Internacional (LIT-CI)
Marzo de 2008.
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